más que numerosa

¿Le quitamos el pañal a Lucía?

Pues yo que iba tan lanzada, señores y señoras. Son de esas cosas que te pones a pensar la noche antes y te crees que te va a salir al cubo de requetebien ¡Y mira que no soy primeriza! Ahora ando durmiendo con mi Lucía. Os pongo en situación… Acaba de cumplir tres añitos y hace poco le dio una convulsión febril en la subida sin avisar, sin encontrarse malucha ni nada, sin anticipar lo que iba a ocurrir. Segunda vez que le ocurre, y en pleno confinamiento del coronavirus. Así que, cuando llegan los de Urgencias en la ambulancia, pues ya mami lo tenía todo medio controlado y le estaba bajando la fiebre. Me dicen que no la trasladan al Hospital para hacerle pruebas por el dichoso Covid-19. Al día siguiente su médica de cabecera, su pediatra, nos dice que actuamos muy bien poniéndole rápidamente el Diazepan vía rectal, etc, y que le puede seguir pasando, normalmente, hasta los cuatro años. Las mamás y los papás que lo han vivido saben lo mal que se pasa. Desde entonces duermo con ella. Hasta que no pase un tiempo no quiero que duerma sola. 

Al caso, que me levanto yo por la mañana con esa decisión metida en la cabeza de «hoy empezamos operación pañal». Y, de repente, como si algo mágico hiciera efecto en nuestra habitación… nos despertamos, nos miramos y me dice mi peque: «Mamá, pipí». En ese momento creía que me decía que se había hecho pipí, claro, en el pañal, pero no, se levanta y me dice: «Mamá, pipí en el water» ¿Qué? ¿Era posible que nuestras mentes se hubieran comunicado de tal forma? ¿Era posible el milagro más absoluto de la casualidad? Pues, señores y señoras, resulta que en el primer intento no, pero en el segundo… ¡hizo pipí a los cinco minutos! Y yo haciéndole una fiesta y gritándole: «Muy bien mi niña, vamos a poner las braguitas de Peppa Pig» (preparadas estratégicamente meses antes). Y ella que me sigue la fiesta y la aumenta en un grito: «¡¡¡Tiiiii, la baguita de pepa piiiii!!!» Y ahí va ella, tan contenta, a reunirse con sus hermanos y enseñarles su premio, y contarles su gran triunfo. Y David, su mellizo, por supuesto (cómo no…) quería otras braguitas de Peppa Pig. En fin… Durante toda la mañana estuve cual búho en la noche mirándola y preguntándole si quería hacer otra vez pipí en el water. Sólo me aparté unos minutos, los suficientes para que desconectara del tema e hiciera lo que lleva haciendo toda su vida, claro. Se hizo pipí en sus braguitas de Peppa Pig. Pero yo no decaí, porque se cómo funciona su pequeña y linda cabecita, así que le dije que no pasaba nada, que la próxima vez le pidiera pipí a mamá. 

Tres braguitas de pipí más tarde, fuimos a la piscina, y cuando ya creía que tendríamos que volver a empezar, salió del agua, se plantó en el césped en un ladito (muy prudente toda ella) y me dijo «Pipí»  e inmediatamente salió ese bendito pipí hacía el suelo. Justo cuando ella lo sintió; justo cuando ella notó que su cuerpo le hablaba… porque, ya sabéis, que el control de esfínteres es algo del desarrollo cerebral infantil que no podemos controlar los adultos, sólo podemos apoyar y acompañar con amor y respeto a nuestros hijos en éste, su maravilloso camino de la vida. 

Ya os contaré cómo sigue y cómo David, su melli, va sorteando este sendero algo desconocido para él.