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"Lo único auténticamente grave que puede hacer alguien es tener un hijo no deseado"

Muchos la conocen como Candela de Los Serrano, Adela de Manos a la obra o Clara de Física o Química. Otras la recuerdan como la dura presentadora de El Rival más débil. Su paso por la gran pantalla tampoco deja indiferente al público. Premiada como actriz por El Calentito, nominada al Goya por su papel en Mataharis, se encuentra de gira con la exitosa obra teatral Todas las mujeres, donde comparte escenario con actores de la talla de Fele Martínez o Lola Casamayor, entre otros. La malagueña Nuria González, fue consciente a los trece años de que no quería ser madre y se mantiene firme en la idea de que sólo el amor y el deseo por encima de todo lo demás, debe mover a una mujer a serlo.

 

Pregunta: ¿Qué recuerdas más a menudo de tu infancia?

Respuesta: (Sonríe) Soy de Málaga y pasé mi infancia en “La Primavera”. Recuerdo estar descalza, en bañador y tirada en la playa desde mayo. Mi infancia es un sueño tropical (ríe); una maravilla. Tengo muchos recuerdos, pero quizá el más constante es esa luz y los baños en el “Carmen”, que era la playa donde iba. En mi infancia había dos mundos diferentes; mi barrio y la playa. Tanto era así que tenía un novio en cada sitio (suelta una carcajada).

 

P: ¿Existía en tu casa la figura de “poli bueno” y “poli malo” tan típica de muchos hogares?

R: No, porque nunca hizo falta. Mi madre jamás nos amenazó con “cuando venga tu padre verás”. Ella solucionaba los conflictos in situ y, luego cuando él llegaba, si tenía que opinar, pues opinaba, pero ya estaba todo más que resuelto. Además, a mi madre no le hacía falta un poli bueno, ella sabía ser buena con todo el carácter fuerte que tenía. Nos acostumbró a la disciplina, nos hizo disciplinados sin jamás gritarnos, amenazarnos ni meternos la mano ni al cogote siquiera. Nunca. Ha sabido imponerse, pero por medio siempre de la comunicación, del razonamiento y del cariño. Es una mujer muy cariñosa. Nos castigaba sin esto o sin aquello, pero nunca sin llegar a ningún extremo ni delegar en nadie. Siendo la pequeña de nueve hermanos, ella venía con un máster, porque en mi casa solo éramos mi hermano y yo, y eso para mi madre era un balneario (se ríe). Tengo la suerte de que todavía viven mis padres (tienen ochenta y seis años), y me voy a ir de este mundo sin saber lo que es tener un mal rato con ninguno de ellos.

«Tener un hijo es casarte con la sociedad, y sólo el amor puede motivar eso»

P: En anteriores generaciones, era extraño que una mujer no quisiera ser madre ¿Crees que esos hijos de madres que lo fueron porque era lo esperado pueden haber sufrido carencias emocionales?

R: En primer lugar, me parece tristísimo. La peor razón para nacer es venir de alguien que crea que tiene que parir. Yo, además, fui consciente de que no quería ser madre antes de los trece años, y, a esa edad, lo comuniqué. Lo tenía clarísimo, y no porque viviera con una madre cabreada, mi madre era absolutamente feliz con nosotros. Según me han sucedido las cosas en la vida, lo normal supongo es que yo hubiera querido ser madre, porque en mi familia nunca ha habido conflictos, sino mucho amor y mucho cariño siempre. Considero que, para ser madre, tiene existir ese deseo por encima de todo lo demás, y si no existe… no debes serlo. Y es que, incluso deseando un hijo, habrá momentos en los que verdaderamente no te sientas capaz, cuanto más si no es deseado por encima de todo. Tener un hijo no deja de ser casarte con el mundo, con la sociedad, para que tu hijo esté bien y no sufra. El amor puede con eso y con más, pero sólo el amor. Ningún otro motivo que el amor puede hacer llegar a buen puerto esta empresa, todo lo que no sea así, está destinado al fracaso, bajo mi punto de vista.

También me parece que lo peor que le puede suceder a una mujer es empujarla a tener un hijo, porque, además de retorcido, si no es elegido, es una condena. De hecho, para mucha gente lo es. Hablo del amor por encima de todo porque así, aunque las cosas vayan mal o tu hijo te decepcione terriblemente, siempre sepas y recuerdes por qué lo tuviste.

Lo único auténticamente grave que puedes hacer en la vida es tener un hijo no deseado. Te venden que no vas a ser una mujer completa si no tienes un hijo o de que te vas a arrepentir… y bajo esa amenaza hay cantidad de gente en este mundo. Me parece tristísimo.  El problema es que te lo cuentan con dieciocho años, ¿qué seguridad vas a tener tú con esa edad? Además, el lavado de cerebro a las niñas para que tengan hijos se empieza desde los juguetes y no te abandona hasta la menopausia. A mi me han estado preguntando toda la vida hasta que me ha “sobrevenido”.

 

P: Y tan extraño era antes el hecho de no querer ser madre como lo es ahora el ser multimadre, es decir, tener más de dos hijos ¿Qué opinas de ello?

Se piensa que si te sales de esos dos hijos es que estás loca. La cosa es que nunca estamos conformes. Lo que ha ocurrido es la historia misma por encima nuestra. Lo de no poder tener cinco o seis hijos debía ser una cuestión básicamente económica, pero ya no es solo eso. Si a la gente se le hace un mundo llevar dos, ni se plantea tener el tercero (se ríe). Yo esto lo veo de lejos porque no me ha tocado, pero pienso mucho en ello aunque no lo parezca, y es que veo muchas motivaciones que no me cuadran. Y, sobre todo, como he sufrido el lavado de cerebro propio de toda mi generación, se a lo que se ha enfrentado una persona hasta que ha sido madre o hasta que ha decidido no serlo, porque nos convencían de que era como malgastar un don. Tengo amigas que no querían tener hijos, y a los treinta, de repente, te dicen que lo han decidido y te cuentan que es como cuando Santiago se cayó del caballo y empezó a creer. Dicen que sienten la necesidad biológica, física, de tener un niño. Yo esto no lo he sentido. Y si lo hubiera sentido desde luego que lo hubiera tenido. Realmente, para tener cinco hijos por ejemplo, sólo hay que tener cinco camas, cinco platos…pero hemos complicado mucho la vida. Si se desean esos hijos, pienso que ellos podrían estar muy bien, estupendamente, diría.

«Es mucho peor dejar a una persona con alguien que no quiere estar con ella, que abandonarle»

P: ¿Crees que se puede hoy día con el sistema que tenemos criar a un hijo sin carencias y conciliarlo con un trabajo?

R: Debería poderse, pero los problemas que tiene todo el mundo son evidentes y públicos. La mayor parte de la gente tiene problemas para conciliar su vida familiar y laboral. Todo esto forma parte de lo mismo; de que no sabemos hacer las cosas. Tal y como estamos ahora mismo debe haber gente en la familia, apoyo. Una familia es como una fábrica que debe organizarse para que funcione bien, y así todos podrían hacer lo que necesitan hacer. Otro problema es dar por sentado que hay una parte de esa pareja que está más obligada que la otra al cuidado de los niños. Y ya no al cuidado sólo de los niños, sino también de los ancianos, de gente con problemas… siempre recae esa carga en la hija mayor de la familia. De hecho, si había una hija soltera en la familia, ya se sabía que ella iba a cuidar de los padres, se daba por sentado. El futuro de las mujeres ha sido siempre mucho más previsible que el de los hombres porque se nos han asignado una serie de tareas. Todo esto está mal. Todo el reparto se ha hecho mal desde el primer minuto ¿Cómo vamos a saber hacer las cosas bien si todo el esfuerzo no remunerado y todo lo que alivia a la sociedad de asistencia, recae sobre una parte de la población como una maldición? Habrá gente que esté muy capacitada para cuidar de los demás, pero habrá otra que no se sienta capaz. Habría que seleccionar a la gente que tiene capacidad, voluntad y amor para estos cuidados, sea hombre o mujer, porque luego eso influye en el trato, en la crianza, en cómo es el niño de mayor, su personalidad, el bienestar del anciano que estés cuidando. Quien se dedica a cuidar nunca debía ser obligado. Es mucho peor dejar a una persona con alguien que no quiere estar con ella, que abandonarle.

Entrevista: Patricia Lomas

Fotografía: José Manuel Marín