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¡Y yo qué sabía...!

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En muchas ocasiones, las madres echamos la vista atrás de lo que éramos antes de dar a luz. En la vida pasamos por momentos en los que no podemos evitar pensar “si lo hubiera sabido…”. Con la maternidad ocurre algo parecido, pero a un nivel muy superior. Seguramente habrá muchas mujeres para las que ser madres no ha supuesto un gran cambio en su vida, creo que las mínimas. Sin embargo, la gran mayoría pensará en cuántas decenas de cosas pensaba que iba a hacer de una forma y ha caído inevitablemente en el hacer contrario. Pero que nadie se sienta mal por ello. Es posible que si dibujamos nuestra vida como una línea recta y tenemos que trazar un antes y un después, lo hagamos en ese punto, en el punto en el que nuestros bebés nos convirtieron en lo que seríamos después. No se trata de cambiar de trabajo, de ciudad, de amigos, de hábitos… Se trata más bien de un cambio a nivel mental. Se trata de adquirir unas nuevas herramientas para adaptarnos mejor a ese cambio.

El primer cambio se produce a nivel emocional, y todos los demás irán condicionados a éste. Cuando tienes a tu bebé en brazos la primera vez, cuando le miras, le hueles, le sientes… te enamoras. Y no es sólo algo espiritual, si no físico, el nivel de oxitocina aumenta en nuestro cuerpo creando una sensación de bienestar profunda cuando estamos junto a él. Y a él le ocurre lo mismo con el contacto con mamá. Cuando se produce una separación de la madre y su hijo, ya sea por necesidades laborales u otras circunstancias, ambos pueden llegar a experimentar un estado de ansiedad muy alto.

Una vez se ha producido ese cambio emocional en nuestra persona, que la gente a menudo nos contaba pero que nunca imaginábamos realmente qué sentiríamos; una vez estamos ya profundamente inmersos en el amor incondicional, muchas de nuestras teorías pre-maternales comienzan a caer por su propio peso. Algunas pensarían que jamás iban a dormir en la misma cama con su bebé, ya que, según algunas habladurías carentes de fundamento, el bebé podría estar en peligro, o se acostumbraría a ello y luego no habría forma de sacarlo de la cama… Nada más lejos de la realidad, pues cuando dormimos con el bebé de forma segura, estamos fortaleciendo ese vínculo y le estamos dando seguridad a la que será una personita el día de mañana incluso más autónoma. Pero ese no es el tema que nos ocupa en este momento. La comodidad de no tener que levantarnos cada poco, cada vez que reclama comer o, simplemente, contacto porque siente miedo en la cuna ante la soledad; la tranquilidad de abrir los ojos y verle dormido plácidamente a nuestro lado con todas sus necesidades cubiertas; la sensación de bienestar al sentirle cerca… Ésta es una de las cosas en las que podíamos haber caído en ese “y yo qué sabía”. De repente, las máximas defensoras de que el bebé tenía que dormir en su cuna, se ven descansando junto a él sin remordimiento alguno.

Conocemos igualmente el caso de madres que se creían muy estrictas y que iban a llevar al niño por el camino recto a base de pura disciplina. Hemos visto a esas pre-madres convertidas en adultos con empatía hacía sus hijos, con palabras de respeto a las que los niños respondían mucho mejor que a gritos y órdenes sin explicaciones. Hemos visto a madres que jamás hubieran arriesgado su profesión cambiando su puesto laboral porque la conciliación no era posible en el trabajo anterior. Vemos a mujeres que eran aparentemente muy nerviosas y se exaltaban con cualquier percance cargadas de paciencia.

La maternidad no sólo es una etapa de cambios, sino una maravillosa oportunidad para descubrir a la mejor persona que llevamos dentro: a la más amorosa, a la más paciente, a la más solidaria… Así que, mamás, levantemos muy alta la cabeza cuando alguien nos diga “quién te ha visto y quién te ve”, pues es el mayor de los elogios que podemos recibir. Seguimos siendo la misma mujer, pero, sin duda, somos la mejor versión de nosotras desde que la vida se abrió camino en nuestra propia vida.

Patricia Lomas, Periodista con Máster en Educación Secundaria, Madre de cinco niños pequeños y Miembro de la Asociación Cuídame. 

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