más que numerosa

¿Estás ahí, mamá?

La necesidad del bebé menos valorada

A menudo, solemos encontrarnos con la misma situación; un bebé está llorando en el carro, ya sea en la sala de espera de la consulta de un médico, en el supermercado… La madre tiene dos posibilidades; bien mece el carro como si las ruedas fueran a salir disparadas y su máximo contacto con el bebé es arrimarle un chupete; o bien le coge en brazos y observamos como, casi en el cien por cien de las situaciones, el bebé se calma, a no ser que demande comer, en cuyo caso difícilmente dejará de llorar a no ser que se sacie su apetito. Cuando nos encontramos ante el segundo gesto, es posible que alguna señora, con el mismo poco tacto que falta de conocimiento sobre cómo funciona el cerebro de un bebé, le diga: “¡Uy! Pues así se te va a acostumbrar a los brazos y luego verás para quitarle”. Si la madre es primeriza y carece de suficiente información, seguramente dude de su acto y tema que el haber cogido a su bebé haya sido un grave error.

Vamos a poner un poco de sentido común al asunto. Cuando hablamos de bebés de meses, hablamos de seres vivos que han permanecido más tiempo en el interior de su madre que fuera. Han creado un vínculo que no podemos pretender que se rompa en el momento del parto ¿Por qué un bebé debe tener contacto? Porque es una necesidad. Tan sencillo como eso. El bebé necesita estar limpio, comer, dormir y contacto. Y, por mucho que eso dificulte los planes de algunas madres primerizas, es así. Y no hay más. Cualquiera puede comprobar este hecho. El bebé acaba de dormir una buena siesta, está saciado de leche, está limpio, no tiene calor ni frío, está  lo que nosotros entendemos por “cómodo” en su cuna o en el carro. Pero llora. Y, casualmente, ni el chupete, ni mecer su habitáculo, ni nada de lo que hacemos le calma, salvo los brazos  ¿Por qué? Porque su naturaleza le indica que en los brazos está seguro, que hay alguien que está cuidando de él, y que le va a procurar amor, alimentación, protección… Y no son cosas de bebés. Amor, alimentación y protección son tres conceptos que todo ser humano busca de una u otra forma. La diferencia es que el bebé no sabe que lo tiene cuando está en el carro, alejado de su madre, o en la cuna. Y por eso llora. Por un simple instinto de supervivencia. De reclamar a su protector cerca para estar seguro de no estar abandonado, aunque suene cruel, pero es así. Sobre todo en recién nacidos que apenas ven con claridad a un palmo de sus ojos. Necesitan el contacto continuo para saber que estarán a salvo. No puedes explicarle a un bebé que sólo vas a tardar cinco minutos en ir al baño. Él no sabrá si te has ido para siempre o sólo te estás duchando. Llorará por miedo hasta que vuelva a sentirse seguro. Los niños no se acostumbran a las madres. Somos las madres las que intentamos, por desconocimiento o por comodidad, desacostumbrarles a nosotras. Y no hay nada más incongruente que eso, porque somos nosotras quien hemos buscado a ese ser con todo el empeño y amor, lo llevamos nueve meses en nuestro vientre, nos enamoramos en el parto para toda la vida en el mismo segundo en que le miramos ¿Qué ocurre entonces para que no sigamos dando todo lo que está en nuestra mano por su bienestar? El cansancio, el no saber, las terceras personas que opinan desde fuera… Mamá, no le desacostumbres a ti, aprovecha ese amor que te profesa, y atiende esa necesidad tan hermosa y grande que tiene de ti, porque esta cortísima etapa de su vida pasará en un suspiro, pero lo que has sembrado en ella quedará para siempre.

Piensa también, que el bebé que antes dejará de reclamar mediante el llanto, será, por lógica, aquel que se haya sentido más seguro durante sus primeros meses de vida. Aquel que sabe que mamá está ahí. Y poco a poco dejará de intentar llamarla desesperadamente llorando, porque confía en ella. Confía en que mamá está cuando la necesita.  Su vínculo se ha fortalecido. Así que podéis estar muy tranquilas cuando calméis a vuestros bebés con brazos, caricias, besos y amor, porque lejos de estar malacostumbrándolos, estáis fortaleciendo su personalidad y creando una relación segura con él que formará parte de vosotros para toda la vida.

Patricia Lomas, Periodista con Máster en Educación Secundaria, Madre de cinco niños pequeños y Miembro de la Asociación Cuídame.

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